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Más chicas muertas: Agostina es ahora mismo la última en incorporarse a una lista que crece sostenidamente. Una lista de infancias que viven entre los vicios de los adultos, como los peces nadan entre los anzuelos de los pescadores. No pasa mucho tiempo entre víctima y víctima. Cuando ocurre, indefectiblemnete, la policia verá ante todo una travesura; aunque pasen los días y la chica o el chico no den señales de vida, aunque haya salido a comprar el pan, aunque haya ido a conocer a sus amigos virtuales, aunque hubiera dicho que había sido invitada a la mejor fiesta del pueblo. Siempre y en cada ocación el olfato de la policia huele "travesura". Dejan de ver pasar el reloj y mueven los móviles en caravana al ver su destacamento en los medios nacionales. Y en este punto surgen la paradoja más grande de las chicas muertas. La llegada de las cámaras y la muerte son la misma cosa. No recuerdo un caso de impacto nacional donde la persona desaparecida haya sido reconocida por repetir una y mil veces su imagen. Más bien, la llegada de los medios abre el espectáculo del femicidio. Los community manager se enfundan en el Capote de Truman y descuelgan un posteo detrás de otro intentando citar las últimas series que vieron. Lo paradójico es que salvo el asesinato y el desgarramiento de los que aman a la víctima, todo sucede cuando se inicia el espectáculo. La justicia y la idiferencia.

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