Se fue el Indio Más de 1 millón de personas fueron a despedirlo. Se nos fue un pariente, un amigo. Se fue alguien que nos cuidaba . Para los 80 y 90 de nuestra Argentina él tuvo una sensibilidad de otro época. Quienes salimos al mundo por aquellos años saben muy bien a lo que me refiero. La palabra decostrucción aún no salia de los claustros de la Sorbona y los padres eran la chapa antigua; incomovible en toda ocasión. La complicidad no existía, menos aún, los abrazos. Los patris familiae estaban a la cabecera de la mesa y preguntaban "cómo les fue" a los que estaban a su alrededor. Era un habla fatua, del mismo tenor que la que puede tenerse en el asensor. No esperaban una respeusta más allá de bien, muy bien o contar qué hiciste en el recreo. Nada realmente personal podía largarse. A menos que te atuvieras a las consecuencias, romper el clima de familia para comenzar a escuchar gritos de hartazgo. Solo con el paso de muchos años, podemos llegar imaginar la desazón en que vivían nuestro padres y entender la rabia desatada. El Indio supo del desamparo de la juventud. Y como alguno dijo en el funeral les habló al oído. Amaba la vida y decidió compartir con los jóvenes ese amor.